El tumultuoso acceso a la información en nuestros días, el facilismo mediático de los artistas y escritores de hoy, y la forma como más información no necesariamente se traduce en más personas cultas, son alguno de los temas que Vargas Llosa ataca en aborda en una parte de su nuevo ensayo: "La civilización del espectáculo", donde de manera apocalíptica se anuncia la muerte de la cultura tal como la entendemos hasta ahora.
Hace unas décadas, un solitario escritor pudo describir de manera precisa esa gran diferencia entre acumulación de conocimientos y la cultura. Como para ser mencionado como referencia, el gran Julio Ramón Ribeyro.
"Lo fácil que es confundir cultura con erudición. La cultura en realidad no depende de la acumulación de conocimientos incluso en varias materias, sino del orden que estos conocimientos guardan en nuestra memoria y de la presencia de estos conocimientos en nuestro comportamiento. Los conocimientos de un hombre culto pueden no ser muy numerosos, pero son armónicos, coherentes y, sobre todo, están relacionados entre sí. En el erudito, los conocimientos parecen almacenarse en tabiques separados. En el culto se distribuyen de acuerdo a un orden interior que permite su canje y su fructificación. Sus lecturas, sus experiencias se encuentran en fermentación y engendran contínuamente nueva riqueza: es como el hombre que abre una cuenta con interés. El erudito como el avaro, guarda su patrimonio en una media, en donde sólo cabe el enmohecimiento y la repetición. En el primer caso el conocimiento engendra el conocimiento. En el segundo el conocimiento se añade al conocimiento. Un hombre que conoce al dedillo todo el teatro de Beaumarchais es un erudito, pero culto es aquel que habiendo sólo leído "Las Bodas de Fígaro" se da cuenta de la relación que existe entre esta obra y la Revolución Francesa o entre su autor y los intelectuales de nuestra época. Por eso mismo, el componente de un tribu primitiva que posee el mundo en diez nociones básicas es más culto que el especialista en arte sacro bizantino que no sabe freír un par de huevos."
"La palabra del mudo".
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